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Borrando filtros: La confianza como imagen de marca en un mundo insta-perfecto

Nos encontramos recién entrados en 2018, y no es sorprendente que la confianza se haya puesto la orden del día, tanto a nivel personal como a nivel empresarial. Vivimos en un mundo digital, una realidad virtual en la que predominan fotos ‘insta-perfectas’. Es una realidad con mil filtros y vídeos de 1.5 segundos en bucle para inmortalizar un momento sacado de contexto y que demuestre – y en muchos casos exagere – a toda tu red de fans lo bien que te lo estás pasando.

ESCRITO POR: CARLOTA MAURA JAMES

Pero, ¿qué ocurre con la confianza, tanto en otros como en nosotros mismos, cuando nos acostumbramos a vivir en un mundo tapado por filtros, en el que tendemos a ocultar la realidad?

El escritor y consultor estadounidense Simon Sinek ya advirtió de la importancia de la confianza en un mundo online en una entrevista para Inside Quest que tuvo lugar en 2016 y que, con más de 50 millones de visualizaciones en YouTube en las primeras dos semanas, rápidamente se convirtió en trending topic. Sinek hace especial hincapié en la generación que llamamos ‘millenial’, y describe, de forma generalizada, el peligro que conlleva crecer en un mundo de redes sociales:

Tenemos a una generación entera que está creciendo con una autoestima mucho más baja que las anteriores generaciones. Vivimos en un mundo de Facebook-Instagram. En otras palabras, se nos da bien poner filtros. Se nos da bien enseñarle al mundo que la vida es fantástica… aunque esté deprimido.

Las palabras de Sinek no son meras observaciones suyas. Se basa en un estudio de Harvard que se realizó en 2012 que demuestra que nuestra interacción con las redes sociales y nuestros teléfonos móviles libera una sustancia química en nuestro cerebro llamada dopamina. Según el estudio, hablar de uno mismo en redes sociales activa una sensación de placer en nuestros cerebros, normalmente asociada con la comida, el dinero, y las relaciones íntimas. En las palabras de Sinek:

Es la razón por la cual contamos los likes, es por lo que miramos 10 veces para ver si la interacción crece, y si no recibimos muchos likes nos preguntamos si hemos hecho algo mal, o si a nuestros amigos ya no les caemos bien. El trauma de un niño al ser eliminado como amigo en Facebook es muy real. Sabemos que cuando recibes esa atención sienta bien, recibes un golpe de dopamina y sienta bien, y por eso volvemos a mirar nuestros móviles cada pocos segundos. La dopamina es la misma sustancia que nos hace sentir bien cuando fumamos, cuando bebemos, y cuando apostamos dinero. En otras palabras, es extremadamente adictiva…

La dopamina y el uso que hacemos de las redes sociales están muy ligados al hecho de que la confianza, una cualidad humana que ha estado siempre muy presente en nuestra sociedad, está empezando a desaparecer. Las redes sociales, que en un principio representaron un medio revolucionario para la comunicación y la transparencia, se usan con demasiada frecuencia para precisamente lo contrario: para la divulgación de falsas noticias y mentiras, y para mostrar una faceta errónea y falsa, ya sea de una persona, una entidad, o un conjunto. Como ocurre con muchos otros inventos revolucionarios, las redes sociales son un arma de doble filo, y la confianza, tanto en nosotros mismos como en otros, es la principal víctima.

Si bien es cierto que no se puede generalizar el comportamiento de todos los millenials en las redes sociales, la baja autoestima y la falta de confianza representa una de las mayores preocupaciones para Sinek, y una en la que hace especial hincapié, tanto en la entrevista como en sus libros:

Ahora, al permitir un acceso ilimitado y sin control a estos dispositivos y estos medios, estamos viendo como los niños, al hacerse mayores y crecer en este ambiente, no saben formar relaciones y amistades profundas y con un significado. Muchos admiten que la mayor parte de sus amistades son superficiales, que no confían en sus amigos. Se divierten con ellos, pero saben que, si un plan mejor se presenta, muchos de esos amigos les dejarán tirados.

La confianza se ha vuelto cada vez más difícil tanto de dar como de recibir, al ir ligada fuertemente a la paciencia, al tiempo que le dedicas a una persona. En una sociedad que tiende al predominio de la gratificación instantánea, los valores como la paciencia, la confianza, e incluso la amistad duradera se convierten en algo difícil de encontrar.

Quizás por eso cada vez son más las empresas que empiezan a establecer dicha confianza como estrategia de marca. En una realidad en la que prima la desconfianza, lo primero que buscamos es poder confiar plenamente en la marca con la que estamos interaccionando, donde estemos dejando nuestro tiempo y nuestro dinero, ya sea como cliente, consumidor o mero espectador.

Y qué mejor ejemplo para demostrar la importancia de la confianza para una marca que la industria de los esports. Hemos visto – sobre todo en los últimos años – cómo organizaciones y empresas patrocinadoras, buscando un hueco en el nuevo auge de los esports, triunfan o fracasan estrepitosamente, muchas veces en función de la imagen de confianza que proyectan como marca. Como jugador, es difícil confiar en una organización que no protege tus derechos y que podría echarte de la noche a la mañana. Para una organización, es difícil confiar en unos jugadores que, al entrar en un nuevo equipo, ya están pensando dónde se encontrarán dentro de un año, o hacen públicas declaraciones de que están abiertos a ofertas para irse. Eso, a los ojos de una organización, es como si les dijeras: ‘Estoy muy bien aquí, pero si encuentro algo mejor os dejaré plantados.’ Es una forma de pensar que está muy alineada con las palabras de Sinek acerca de la confianza entre los jóvenes y la aceptación de que no pueden confiar plenamente en sus amigos. Esta falta de confianza de las nuevas generaciones que entran a trabajar en una empresa, ya sea una empresa de esports o de cualquier otro sector, afecta muchísimo a su dinámica de trabajo a la hora de formar parte de un grupo. La confianza en la misión de la empresa, ya sea vender un producto u ofrecer un servicio, debería ser algo que todos los trabajadores en dicha empresa entiendan y acepten. Tanto en la vida personal como en el mundo laboral, la confianza es imprescindible para que cada individuo alcance su potencial. Si no confías en las personas de tu entorno, en la visión de la empresa, ¿de qué sirve dedicarle 8 horas de duro trabajo todos los días?

Cuando empiezas a confiar en tu entorno y te encuentras en una empresa cuyos valores están alineados con los tuyos, no solo surge la confianza de forma natural en la marca de la empresa, sino que crece la confianza en uno mismo por parte de los trabajadores, y la capacidad de que cada persona sea valorada por lo que aporta a dicha empresa.

No se trata de encontrar la empresa perfecta, ni de crear una empresa perfecta en la que los trabajadores estén contentos las 24 horas del día. Se trata de alcanzar un equilibrio profesional. Por un lado, que la empresa sea capaz de hacer ver con claridad a sus trabajadores su valía y la importancia de su aportación a la misión de la empresa. Por otro lado, que los trabajadores sean capaces de confiar en el conjunto, en su propia motivación pero también en la de los demás, y sobre todo en la visión y los valores que la empresa representa. Ese equilibrio es confianza. Ese equilibrio es éxito.

 Fuente: blog innovación activa

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